martes 15 de junio de 2010

Y.


Tal vez, tenga que morderme la lengua, envenenarme y aguantar mi decisión.

O tal vez no.

Caminé tan rápido hasta que sentí que mis pies desaparecieron, e iba flotando cada vez más alto.

Ya no me preocupaban las luces y bocinas de los carros. Los semáforos que jugaban a los colores.

Era otoño, hojas amarronadas chocolate.

Todo tenía olor a té y chimenea.

Creo que me acostumbré a disfrutar todas estas cosas, sola.


Foto: Chocolatcake

2 comentarios:

Segismundo dijo...

¿A qué le temes amiga?
De acuerdo, volar muy alto es doloroso, pues la caída de verdad que duele mucho - yo te he dicho cuanto duele (case pedrojuanina año 2007-2008-2009 jaja)porque lo viví en carne propia. Pero de todas formas no estoy arrepentido, aunque corra el riesgo de caer nuevamente. Si caigo, me golpearé bien fuerte la cabeza para sentir que he caído, y luego de ver mi sangre correr por mi rostro, me reiré y agradeceré a la vida por haberme dado el placer de sufrir por amor. Hay veces que el sufrimiento del corazón es casi un extasis. Aunque siempre estas caidas me dejan en coma por mucho tiempo, y no puedo seguir con mi vida.

Aunque te entiendo, cuando se está demasiado acostumbrado a ver las cosas solamente con nuestros ojitos, cuesta renunciar a tener que compartir. Aunque valdría la pena intentarlo. Quizás no era el indicado. Estoy seguro que algún día llegará el hombre que alimente tu alma y te ame con devoción, pues una mujer como tú, no merece estar sola. Eso sería una gran injusticia.

besos desde Chile.

Segismundo dijo...

Sin duda que nos acostumbramos a ver la vida desde nuestros propios ojos, sobretodo cuando son escasas las oportunidades de compartir con alguien besos y experiencias.

Parece que el miedo fue más, o algo parecido a eso. También espero que no tengas que morderte la lengua, y en caso que sea así, trata que eso no te quite tu hermosa voz de ángel. Cuando se vuela muy alto, luego la caída es más estrepitosa, duele más, tanto que cuesta más ponerse de pie. Sobretodo cuando existe la ilusión, y esta se rompe de improviso.
Pero sabes, por mi propia experiencia, creo que es bueno sentir aquella caída, al menos vale la pena intentarlo. Tú como pocas sabes de mis sufrimientos, pero pese a todo, no me arrepiento (o al menos eso dice una parte de mí), es bueno cruzar el río, aunque implique morir, y si es nuestro final, habremos de morir viviendo, sintiendo, amando.

Ya verás como llegará un hombre que te encandilará quien se enamorará perdidamente de tí, estoy seguro que todavía existen esos hombres que saben apreciar la belleza femenina.

un beso desde Chile