Como si fuese que eso haría que aparecieses.
Ayer la tormenta llevó muchos de los miedos que tenías, pero seguís igual.
Igual de inerte y tácito como la primera vez. Como si tu cuerpo tuviese que luchar contra esa fuerza involuntaria que lentifica tus pasos.
Supongo que no es la física, son tus excusas. Las de siempre.
Ese olor putrefacto de tus sueños, puedo sentirlo y en definitiva lamentarme por ello.
Ni siquiera el intento de un suspiro se justifica.
Por vos, nada. Ni la más ínfima mirada de reojo. Ni el más suave y casi imperceptible roce.


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